Publicado en: Opinión

Hace unos días acudí a una platica sobre "Reglas Sociales" que me abrió los ojos.

Confieso que, estando ahí, me sentí tonta por creer que algunos de mis comportamientos son 'inadecuados'. Sobre todo, por creer que mis ideas pueden ser malinterpretadas...

Pero inmediatamente recordé, que muchas veces quienes enseñan las reglas con más vigor  son los primeros en romperlas.

Me aferro a creer, que aunque le demos significados diferentes, la dignidad que tenemos es lo que más vale. Ese pilar que inspira a tomar medidas relacionadas con Derechos Humanos, Justicia social, y la propia personalidad, a través de una voz interior llamada conciencia.

Por ejemplo, constantemente me han juzgado, o me han dicho:

"Debes aprender a decir todo lo que te molesta, está mal que te quedes callada"

Ahí me quedó claro que la dignidad no es lo mismo para todxs.

Aún así, me sigo manteniendo firme. No me gusta discutir, sino tiene sentido. Porque el tiempo vale oro, como para desperdiciarlo en trivialidades y chismes.

Cuando lo que hagamos nos llege a parecer ridículo, significa que hemos dejado de hacerlo por como nos hace sentir, para empezar hacerlo buscando la aprobación de los demás. Es ahí cuando todo comienza a estar perdido. 

Meses atrás, aprendí algo que no me enseñaron en la escuela. Aprendí, que nadamás no pierdo la dignidad porque la traigo inherente a mi persona.

Gracias a la dignidad, y a todo el esfuerzo por conservarla, muchas personas, como yo, podemos seguir comportándonos de la manera en la que somos, y podemos aprender cosas,  que para muchos siguen siendo tabú.

 

 


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