Publicado en: Opinión

Existen personas que basan su sentido de pertenencia como mexicanos en lo prehispánico, llevándolos a entender lo “más mexicano” por mayor cercanía a lo indígena. Por otro lado, otros se consideran menos mexicanos por tener estrecha relación con españoles o europeos. En esta parte, se encuentran gran cantidad de confundidos que se empeñan en mantener el vínculo de sus antepasados con Europa, esos que mencionan como trofeo digno de distinción: “mi bisabuelo era español”.

Es importante destacar que lo “mexicano” surge a partir del acercamiento de diversas culturas, ya sean prehispánicas, hispánicas o, incluso, africanas. El folclore, la comida, los trajes típicos, entre otras cosas, han sido influencia de alguna de estas, o bien, una mezcla de varias. Si bien, parte de la diversidad es que aún se conservan culturas y tradiciones intactas, otras tradiciones, por más antiguas que parezcan, también fueron modificadas o influenciadas por lo europeo.

Esta concepción dividida entre lo indígena y lo europeo predomina en gran parte de nuestras estructuras sociales, lo cual implícitamente se ha construido sobre un mensaje de superioridad o inferioridad. Paradójicamente, es fácil ser 100% mexicano en el extranjero o en las fiestas patrias, pero en otras circunstancias es: “sí, soy mexicano pero mis abuelos son libaneses/españoles”.

Entender a México desde una visión más completa es, quizás, un paso muy importante para acabar con la absurda jerarquía que nos persigue desde la colonia, la misma que otorga estatus o victimiza a algunos sectores según su sangre, ya sea el indígena ayudado o el güerito ayudador. Cuando dejemos de entender México como división y empecemos a construir con base en la unidad, finalmente reconoceremos la mezcla de la cual somos parte, y eso, sin duda, se verá reflejado en una sociedad más próspera.


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